Pega

Una larga cadena de intermediarios opera sobre la realidad para confundir. Exige y presiona, recorta y pega. Corta y pega. Y pega.

Igual

La perla de los tiempos, la ciudad que avisa, el apriete de la cabeza, el eje del mal, el teorema de vivir, las ganas de ganar, el viento de la ideología, la pelea con la palabra, el anhelo de desear, el sueño de ser comprendido, la mirada en el monitor, la fiel barra espaciadora, el enter de este momento. Y todo sigue igual en la máquina de la duda.

Reproche

No hay peor reproche que el mudo.

Sumatoria

El mundo también puede ser visto como una sumatoria de soledades en movimiento.

Una despedida

Es ese doble click, la mirada con ojos cerrados, el contagio de imágenes, la dosis de madrugada, la idea, el miedo a escribir sobre la muerte, el ruido lazarillo, la música de los amigos, la violencia de la historia, acercarse al ridículo, soñar con la conservación del momento, vivir para fallar, dudar, volver a dudar, despedirse en vida, mostrarse en una foto. Y no sentirse solo.

Fue

La última pregunta del psicólogo fue: ¿por qué no escribe en primera persona?

Seguro

Ojalá supiera por qué está tan seguro.

Eco

La habitación parece un cine amplio, cuadrado, alto, nuestro. Esa atmósfera de tibieza es un reparo en el tiempo. Afuera, el adentro embiste como viento de montaña, como eco de una necesidad.

Exageración

El desahogo y la liberación suelen manifestarse con exageración. Sobre todo cuando es muy grande la fuerza que oprime.

Los sueños van adelante

Todavía no había crecido esa sombra quejosa que remolca desde hace años a través de la más larga y solitaria carrera de fondo.
El áspero saber de la tierra devuelve aquella temeridad de la infancia: los sueños van (huyen) adelante a la misma velocidad que el perseguidor.

¿No te parece raro?

¿Querés que te domine el sentimiento de repetición y estancamiento? ¿No te cansaste de quienes consiguieron neutralizar con la apatía y la mentira todo lo que se funda en el cambio? No puede ser verdad que el reflejo personal sólo se vea en el monitor de un cajero automático. Decime que no, decime que soñás y que participás. Como podés, pero participás. Es mentira que te sorprenda la generosidad. ¿No es mentira? No te vas a realizar nunca si el de al lado la pasa mal. Excepto que fortalezcas tu espíritu goloso cada vez que evidenciás las disminuciones del otro. O cuando mirás para el costado. ¿No te parece raro que el emisor sea el principal receptor?

Pujo

La garganta es un pujo de ternura. Le dan ganas de manotear el aire, de frenarlo para una imagen.

Deseo

Quiere lo que nunca fue, pasar por encima de la historia y convertirse en el deseo. No en lo que desea. Falla, deja las uñas en los pozos, hace llorar a los puntos cardinales, escribe porque le duelen las manos. No quiere ser un reflejo irreal de la igualdad.

Tendido

Por momentos se ve a sí mismo tendido en cruz sobre los suelos móviles y los objetos variables de la espesa realidad, que también es variable. Por momentos, sus pensamientos son fotos.

Sea

Es la expectativa que opaca, la angustia que hace sonar los vidrios. Astilla como un mal pensamiento. O como el repaso de las imágenes, las reales y las otras. Se siente, es la noche que sube desde la tierra, no fatiga de arder, desafía al sueño a que sea realidad.

Efecto

Efecto de una sociedad en la que el elemento individual, subordinado a las normas colectivas, no tiene una existencia autónoma reconocida.

Falta

Es todo el tiempo que empuja, la tierra que se hincha, las sombras que pesan demasiado, la vejez de las historias que quedaron, la perpetua memoria. Hay nombres, claro. El mío es el que falta.

Pudo haber sido

Le aplicaron la condena de entender el dominio superior del tiempo para que el sueño se convirtiera en una espera infinita: preservar un mundo como alguna vez pudo haber sido.

Programada

La realidad se vacía de sustancia. Ahora dicen que está programada.

Representarlo

Su drama existía si tenía a quien contárselo. Para sufrir, necesitaba representarlo.

Abraza

Es el balcón mojado, o la felicidad de la muerte diaria. Algo o alguien alimenta los fuegos del frío para lamentar las revelaciones y pronunciarlas con la otra voz, la del patio interno, la que enmudece frente a la oligarquía del pánico.
Es la nube gris que compite con los rayos. O con los sueños que agitan la calma que teatraliza el fracaso. Algo o alguien se descompone, canta canciones de otros, le saca fotocopias a la rutina, sonríe, abraza a las brasas.

Autoridad

Ser la autoridad es negar la libertad.

Prácticas visuales

Las prácticas visuales diseñan una aproximación diferente de percepción de lo real y de la construcción de la subjetividad.

A esa primera persona

Quiere -existe la posibilidad de que sea un deseo- escribir lo que le sucede en su vida en ese momento. Sentir desparpajo y borde para detallar lo que le pasa a esa primera persona que sobrevive en otra dimensión, que idea supuestas ideas que no superan la barrera de la realidad. De la supuesta realidad.

Una nota al pie

Su exasperante verborrea depara un prólogo a cada uno de los relatos, interrumpiendo la lectura de una prosa tan delicada y medida con retorcidas interpretaciones, valoraciones y datos que, en el mejor de los casos, sólo merecerían figurar en una nota al pie.

Unico

Caen plumas de hojas, se ven canciones en el aire. La tarde es gris. Hay gritos de cuerpos, ecos de pájaros, quejidos de la historia y un recuerdo que se conjuga en presente. El único que se mantiene en silencio es el tiempo. Es el único que sabe lo que hace.

Percepción

No es la realidad, sino la percepción, la que nos condena a la incertidumbre.

Tres poderes

Control. Alt. Delete.

Brota

El baile brota, expulsa la angustia, sacude y comprime tejidos. El movimiento es la maravilla. Comanda unos velos que circulan, acomodan y completan.

Muy bien, ahora escriba

1-Cuando estaba vivo no hizo otra cosa que buscarlo, activar el intento por encontrar a ese señor que nunca vio.
2-Desde que está muerto siente (cree) que debe continuar con la búsqueda de ese hombre.
3-Su muerte no cambió nada, pero desde ese día se acotó el tiempo.
4-Su certificado de nacimiento decía: agosto es el mes de la muerte.
Leyó los cuatro arrebatos y dijo muy bien, ahora escriba. Dos palabras de cada lado de la coma, se levantó de su sillón, dio por terminada la sesión de cesiones.
Y abrió la puerta.

El interior de los muros

Exudaban una ligera humedad que sugería algún tipo de actividad orgánica en el interior de los muros. Y decían gracias, tal vez, sin sentirlo.

Gasta

Lo mejor de la vida se gasta (deteriora) en seguridades.

Otro ojo

Eligió otro ojo para ver y empezó como un paliativo a su sufrimiento físico y emocional, pero terminó convirtiéndose en otra enfermedad que, de ser suprimida, sólo intensificaría la original. Quería parecerse a lo que había soñado y ésa es una forma muy compleja de vivir, pero también mucho más verdadera, de ser honesto.

Dogma

Su dogma es, apenas, una secuencia verbal, un delirio que sacraliza a través de la acción amparada por concretas formas de demencia.

El pensamiento paradójico

El concepto del pensamiento paradójico, el del mal dentro del bien, el de la estabilidad en la incertidumbre, a veces agota, desgasta, lastima, deprime. Es un lugar en donde no se puede estar demasiado. Sin embargo, es el espacio ideal: donde aparece el peligro también espera la salvación.

Retrato

El lugar perdió lo que hacía de él un destino. Perdió su territorio de experiencia y se convirtió en el retrato de un sentimiento que comenzó a emigrar sin tiempos ni espacios.

Sólo te pido

Sólo te pido conciencia política, memoria, voluntad patriótica, respeto a las instituciones, paz, que apagues la tele y el monitor, que no leas el diario, que camines la calle para sentirla, para no repetir lo que enseñan los grandes grupos intolerantes.
Sólo te pido paciencia para que nadie quiera golpearnos.

En algún momento te alcanza

Sin pausa, aunque todavía lejos, se presiente la noche, ese corredor de pies enfundados que en algún momento te alcanza.

Todo es ahora

Cuatro brasas se despiden del cigarrillo, viajan desde la pared hacia la planta baja de los aires mientras un grillo monologa en la noche. Padre y madre duermen en la cama del hijo de la duda en el domingo que se reencuentra (era hora) con el lunes. El vecino grita en el pasillo con un pijama y un cable doble en la nariz cuando las letras nacen detrás del monitor rayado. La última voluta de humo se convierte en sombra y una pálida idea se quema en plena repugnancia al conformismo. Todo es ahora, en el preciso momento de un suceso.

Desaparece

En el delirio furioso de los dolores desaparece como entró, ahogado en su colosal indiferencia.

Empezar

Viene por el aire. Rápido y suave. Se transporta sin moverse, imita a un colibrí. Llega y se va. Repasa los rincones de la multitud, se desploma en el viento a disfrutar el coro de ruidos, la voz, el asunto liviano, el anuncio vivo de la muerte, la punta de los pies.
Lo que ve le guantea el corazón. Se siente un torrente de paños esclavizado por el viento, un pez en las nubes.
Por eso se va. A empezar.

En sus textos

En sus textos, sobre todo en ellos, es una palabra encantada todavía por pensar.

Después

Se erra al nacer, en ese suceso pequeño, breve, como lo que viene después.

Simpleza

La simpleza desnuda el delirio que duerme en el silencio de los objetos, en la inclinación del ánimo, en la teoría de la composición literaria y de la expresión hablada.

Lineal

Estaba arriba de la revelación lineal. La que había querido ignorar.

Con uno mismo

-La soledad es el invento de una épica de lo cotidiano.
-Un fragmento de la realidad.
-Puede ser una deformación social.
-O una charla con uno mismo.

Donde

Donde no se elige, donde no hay culpas. Donde el error riega el alma.

En la soledad del otro

Repite los pasos, arruga la vereda y la cara. Camina en el frío con una remera y un teléfono pequeño e inmóvil que le ensordece enojos. Insulta con artículos fijos, hace preguntas con la mano suelta hasta que se apiña de dedos en el aire, en la ruina circular.
Quiere arrancarse las ideas de los pelos, pero sólo se autoextingue en las partes invariables de las oraciones. En pleno desconcierto permanece invisible como un titiritero que sostiene -manejar es mucho más difícil- los hilos de su álter ego.
Nervioso, verborrágico y hostigador de ceños, le duele saber que es imposible ingresar en la soledad del otro.

Volvió

Despidió al dolor sin mirarlo y, en puntas de pie, volvió a bailar en su centro, en el largo camino hacia la identidad.

Fabricando

Fue capaz de triunfar frente a los auditorios que apenas podían manejarse por intuición, inválidos para recibir cada una de las formas del idioma.
Desde atrás la observación fue transparente, un viaje de luz en el tiempo: estaba fabricando su incursión en el mito.

Silencio

El silencio se manifiesta cuando ya no se puede explicar más (nada). Existe en ese instante de la experiencia que no admite (ni tolera) ninguna interpretación.
Vivir el silencio como una condena es como sentirse perseguido por sí mismo y no darse cuenta.

Pero no tanto

El viento salado le hinchó la nariz, le atropelló el corazón cuando la luz cegadora se presentó como señal de ayuda. El agua, espejo intacto del tiempo, borró los límites de arena. El ir y venir trastornó al mundo. Que es grande, pero no tanto.

Parece que disfruta

Le ofrece su rostro sin alteraciones del ánimo a un mundo que ahora (breve espacio del tiempo) lo pone en ese pedestal largo en el que estriban varias columnas. Reconoce sin voz que recibe una adulación tan hueca como voluble, tan evidente como sus terminales nerviosas limadas.
Parece que disfruta mientras el aire recorre la parte lisa de su mente.

También a las personas

A la tensión por renovar objetos se ha sumado una especie de ansiedad por sustituir también a las personas.

Será

Será que las imágenes acumulan sentido (y sentidos) a través del tiempo. Será que todo opera como una hoja de ruta con escasas pistas e inquietud en ascenso.

Signo estético

El signo estético de los tiempos pareciera sostenerse en la devastación de la naturalidad de los cuerpos.

Mágica dimensión

En el intenso trastorno de la mirada que cambia, muda (y subvierte) la áspera cotidianidad, también se logra fraguar una nueva, ardiente y mágica dimensión. Líricos, acuarelados, nihilistas, buenos, malos, vivos y muertos, sueñan con abrazarse a la palabra primorosa.
Al azulado resplandor del azufre emerge y se sumerge (más o menos aterrante) la duda, que se configura de permanencia y late entre estos dedos. Y en tus ojos.

O no

Cada imagen remite, sin demasiada vocación de impacto, a un espacio interior que puede ser físico. O no.

Se da cuenta

Su vida está tan fragmentada que cada vez que encuentra una conexión entre dos porciones siente la tentación de buscarle un significado. Por eso en los momentos de mayor valentía adopta el sinsentido como principio básico de vida.
En ese instante de ojos cerrados se da cuenta de que el mundo lo va a eludir.

Comienza su trabajo

Esas cuatro paredes sólo sostienen los fenómenos de su inquietud y un instrumento óptico: la memoria comienza su trabajo en la penumbra de la soledad.

Para decirse

No pudo evitar mirar más allá de la piel ni tampoco imaginar el cráneo anónimo. Se detuvo en los silenciosos e indiscretos signos del futuro para decirse a sí mismo, con un tono casi triunfante: estoy perdido.
Y recibió la ruina del desencanto de una mirada.

Forma itinerante

Arremetió el primer viento de la madrugada y el aire mudó de sustancia en un segundo. El mundo continente se emputeció en una palabra, en una inhalación corpórea e invisible. En una forma itinerante.

Violento

Detrás del agua de palabras habla y deslumbra por su maestría lúdica, por su adivinación verbal, por su sinuosa paradoja de ideas, por el juego intelectual nihilista, por la indefinida precisión emotiva de su ser, por el esteticismo de la sorpresa, por sus tiempos simultáneos (paralelos, eternos e inexistentes), por sus personalidades desdobladas (y repetidas). Expone y se muestra aniquilado en la nada temblorosa: su perspectiva cambiante lo deja calvo. El caos es imaginativo. O falso.
Y violento.

Sombra

Embistió contra su sombra que resbalaba sobre la tierra. Terminó el giro, enfiló por encima de las cabezas y, sin volver a mirar, atento a su alto rumbo, siguió vuelo hasta que se perdió en la lejanía, perseguido por el ruido, entre recuerdos carbónicos. Su larga sombra llegaba hasta el ocaso.

Dueña

La muerte es dueña de la vida durante toda su existencia.

En cada palabra

Se desprende de sí mismo. Es un poco de comida para el tiempo inútil. No puede detenerse, está seducido por el lenguaje de los muertos. Desvanece por una avenida, se esparce en una calle, muere en una esquina. Su puerta no se abre, sólo devuelve pretenciosos reflejos.
Disipa vida en cada palabra.

Perfecto y cumplido

Un coro de lágrimas cambia de colores desde el cielo. Esas gotas caen, envuelven en una jaula a los cinco ilusionistas que hacen de la música un espacio de libertad extrema, un culto a la emoción, una ceremonia litúrgica, un tributo a la intimidad. El hombrecito que canta tiene dos caras y una voz que alegra, denuncia, recuerda y sufre con la misma fuerza impetuosa. Es una especie de compromiso de carne y huesos. Alrededor, sin centros y con guías, las historias irrumpen solas en cada instrumento. Como dijo la poeta, es como si pusieras sus discos en la compactera y les dieras random en el living de tu casa, pero al aire libre. Y de la mano hacia el amor. Contar la historia sin encarnadura sería falsificarla. Pero describir las pequeñeces sería presuntuoso, un nexo al desorden del sentimentalismo puro, como el del amigo que sacude la cabeza y muerde sus labios. No lo puede creer. El tipo que canta, tampoco. Es una voz finita de viento que se enrosca en el aire, un sueño perfecto y cumplido: el mejor tema de la radio en tu cabeza.

Tajada

Ante la adversidad, siempre hay una mezcla de conformismo, enojo con el que quiere saber por qué sucede lo que sucede, un dejo de revanchismo, cierta dosis de paranoia, como si alguien estuviera esperando que las cosas no salieran bien para sacar tajada.

Lúcido y corrosivo

Sentados, uno al lado del otro, los policías sin gorras destruyen con fruición unas fetas de fiambre. El mozo que los rodea parece admirarlos, les ofrece bebidas en pocillos y charlas entre dientes. Tal vez les está soplando un dato. O los admira. Debajo, a los pies de los azulados, un perro come las migas y ojea las pocas mesas ocupadas. El picho es guardián por hambre, no parece estar al servicio de la comunidad. Del otro lado del mostrador, parco, el mozo más veterano hace dibujos en el mármol con sus yemas agobiadas. Disfruta de su obra de arte hasta que se frustra, levanta la vista y borra los trazos con la imaginación. En esa fracción empieza su camino de derrota, que no es lo mismo que derrotero: zalamea a las tres pícaras jóvenes que entran y salen -cada vez con más vértigo- del baño. Las pequeñas se bifurcan en un espejo como un recurso pictórico. O un tic. La ubicación no es azarosa. Necesitan ver cómo el viejo las mira. El perro va hacia ellas y les huele las entrepiernas de jean. No hay migas y se va. Lúcido y corrosivo, el animal marca territorio: mea sobre el banco diminuto en el que descansan, boca arriba, las gorras oscuras.

Ni siquiera como chance

¿Qué tipo de ganador es quien no entiende la derrota, quien no sabe que su triunfo siempre está amenazado por el fracaso? ¿Se da cuenta de que juega para no perder? Sin ese análisis, todo es falsamente grave, ridículo, extraño, con exigencias dignas de mejores causas. Así, también, la superioridad supuesta es la puerilidad del pensamiento del exitista, que no admite no ganar. No lo admite ni siquiera como chance.

Más personal

Siempre hay algo más personal que abstracto en el vacío.

Aprender

A caballo de la yegua de su madre aprendió a leer y a escribir en una escuela de campo. De tanto chocarse contra el viento, al galope aprendió a hablar con la cara.

Sufre variaciones

Que la memoria pida auxilio sólo para que certifique que su omnipotencia sufre variaciones.

No se animan

No se animan a decirlo en voz alta, pero sienten que lo están compartiendo.
Tienen temor de desaparecer.

Pregunta

¿Cómo puede sentirse superior quien no entiende?

Siempre es esa noche

Siempre es esa noche, una abstracción inconsciente de los detalles, el regreso hacia la memoria de cartón, hacia la noche completa y perfecta a través de una ventana con colores sin fondo, desde arriba de la lengua de la montaña.

El orden

Con el orden no se puede ser caníbal. Se puede combatirlo, estar en su contra. Pero no comerlo.

Advertencia

No discípula. No heredera. Sólo peregrina de caminos encontrados.

Vieron lo que quisieron

Abrieron las manos, las pusieron sobre el aire y recibieron a través de los invisibles esa mutante corriente de vida que subía desde la tierra hasta ese balcón. Cuando se miraron, en vez de ojos tenían flores. Echaron -sin expulsión- las cabezas para adelante, se sumergieron en la luz y no sintieron ese brote húmedo que regalan las nubes cuando cubren de grises todo lo que invaden. Vieron lo que quisieron, imaginaron la velocidad del vacío. Y soñaron con que el cuerpo se agitaba, suave, por dentro, al ritmo del tintinar de llaves. Parecían criaturas de la tierra.

Los mismos dedos

Una manada de malabaristas descalzos arroja necesidades al aire en ese intervalo de tiempo en la ciudad intemporal. Entre la luz roja y la verde, sin amarillos, los ojos siguen el vuelo redondo, desean sueños metálicos -los billetes son falsos- y esperan la aprobación muda del otro lado del parabrisas. Fríos por culpa del alma y por el aire acondicionado, los conductores hipotecan la solidaridad. Compadecerse, desde la butaca del silencio, es una actitud humillante, dolorosa. Y repetitiva. Hundir un botón para que baje la careta de vidrio tiene una duración idéntica a la reproducción del gesto circular que grafican el pulgar y el índice del joven y triste artista callejero. Sacar la mano, extenderla, y acariciar otra palma, más gastada, genera una paz sucia. Todo -la nada- se termina de ensuciar cuando desde la platea con luz mortecina del asiento delantero, el taxista, con la elección de los mismos dedos que el malabarista, lo apunta. Y dispara.

Tachero de mierda, nítido, se escucha. Y el peso arroja al pasajero hacia el exterior de lo interior.